
Cuando un hombre amaba a una mujer, ¿lo manifestaba de la forma respetuosa en que papá lo hacía con mamá, o acariciándola, como había empezado a hacer Charles con Emily? ¿Cómo reaccionó su madre la primera vez que su padre la tocó? ¿Lo hizo antes de que se casaran? Le costaba imaginar a su madre permitiendo semejantes libertades, incluso cuando estaba sana, pues Josephine Walcott exhalaba un aire de corrección que parecía descartar esa posibilidad.
Qué falta de respeto pensar tales cosas en la entrada del dormitorio, donde su madre yacía enferma, moribunda, y mientras su padre se enfrentaba no sólo a esa triste verdad, sino también a una crisis comercial.
– ¿Emily?
– Oh, mamá, lo siento. ¿Te he despertado?
Se acercó a la cama y tomó la mano frágil de su madre. Josephine sonrió, cerró los ojos y movió débilmente la cabeza. Todos sabían que pocas veces dormía bien, sino que permanecía en un estado de semisueño, tan fatigoso como el trabajo manual para las personas sanas. Abrió los ojos y palmeó la cama, junto a su cadera. Cada vez con mayor frecuencia empleaba gestos para transmitir mensajes, ahorrando lo más posible el aliento.
– No -replicó Emily-. Estoy sucia. He estado ayudando a papá en el establo. Además, tengo cosas que hacer abajo. ¿Quieres que te traiga algo?
