Elmore Leonard


Pronto

Pronto, 1993

A Joan, siempre


1

Una noche, hacia finales de octubre, Harry Arno le dijo a la mujer con la que mantenía relaciones en los últimos años:

– He tomado una decisión. Te diré una cosa que nunca le he dicho a nadie en toda mi vida.

– ¿Te refieres a algo que hiciste cuando estabas en la guerra?

Esto le frenó.

– ¿Cómo lo sabes?

– ¿Cuando estabas en Italia y mataste al desertor?

Harry se quedó mirándola sin decir nada.

– Ya me lo contaste.

– Venga. ¿Cuándo?

– Estábamos tomando unas copas en la terraza de Cardozo, poco después de que volviéramos a salir juntos. Lo dijiste de la misma manera que ahora, como si fueras a contarme un secreto. Por eso lo sé, sólo que no recuerdo que dijeras nada sobre una decisión.

Ahora estaba confuso.

– Por aquel entonces no bebía, ¿verdad?

– Ya hacía tiempo que no bebías. -Joyce hizo una pausa y añadió-: Espera un momento, ¿sabes qué? Aquélla fue la segunda vez que me contaste que habías matado al tipo. En Pisa, ¿no es así? Me mostraste la foto donde aparecías sosteniendo la torre inclinada.

– No fue en Pisa -dijo Harry-. No fue allí donde maté al tipo.

– No, pero por allí.

– ¿Estás segura de que te lo conté dos veces?

– La primera vez fue cuando trabajaba en el club y salimos en un par de ocasiones. Entonces todavía bebías.

– Eso fue hace unos seis o siete años.

– Me disgusta decirlo, Harry, pero son diez. Lo sé porque tenía casi treinta cuando dejé de bailar.

Harry dijo «caray», pensando que debía ser verdad, si Joyce rondaba ahora los cuarenta. Recordó su piel blanca alumbrada por el reflector, el pelo oscuro y la piel como la nieve, la única bailarina en topless que había visto llevar gafas mientras actuaba; nada de lentillas, gafas de verdad con montura negra. Para su edad Joyce se conservaba muy bien. El tiempo pasaba tan rápido. Harry había cumplido los sesenta y seis hacía dos semanas, tenía la misma edad que Paul Newman.



1 из 202