
– ¿Qué escopeta?
– La que iba a utilizar para matarme. ¿Es que nadie lo entiende?
El joven abogado movió la cabeza.
– No se menciona ninguna escopeta en el informe de la policía.
– ¿La buscaron? ¿Piensa que maté a un tipo al que nunca había visto en toda mi vida porque sí? ¿O es que piensa que le estaba atracando?
La víctima era Earl Crowe, de cincuenta y tres años; de los Glades, como pensaba Harry; Clewiston, junto al lago Okeechobee.
Más tarde le dijo a Buck Torres:
– ¿Dónde estabas anoche cuando te necesitaba? -Se refería al interrogatorio-. Tenía a todos aquellos polis confabulados contra mí.
Torres le dijo que era una investigación de homicidios y que él trabajaba en el grupo contra el crimen organizado; su actitud era más fría que la última vez que hablaron.
– Estabas nervioso, ¿no es así? -comentó Torres-. Tío, lo comprendo. Pensaste que el tipo iba a por ti.
– Venía a por mí -afirmó Harry-. Sabía mi nombre.
– Eres un tipo popular.
– Llevaba una escopeta de cañones recortados, joder, dijo que venía de parte de Jimmy Cap. Aparece de golpe y me lo dice para que lo sepa; de parte de Jimmy.
– Tú llevabas una pistola cargada -dijo Torres-. ¿Y aún hablas de intenciones?
– No conocía al tipo.
– Me han dicho que tenía antecedentes y que había cumplido condena treinta años atrás -dijo Torres-. Quizá puedas hacer un trato con el fiscal, hacer que cambien la acusación por la de homicidio sin premeditación. Si quieres puedes hablar con los federales sobre Jimmy Cap. Ayudar a tu causa, ya me entiendes. McCormick me pidió que te lo mencionara, eso es todo.
– Primero me joden -dijo Harry-, después ofrecen salvarme el culo y encima esperan que les dé las gracias. Si les digo que les contaré cosas de Jimmy, ¿entonces encontrarán la escopeta?
Torres negó con la cabeza diciendo que él nunca intervendría en una cosa así.
