Devon cruzó el cuarto, pensando aún en su padre y cómo haría para compensarle lo que había hecho por ella cuando regresara de Suecia y todo hubiera resultado un éxito. Se sentía dominada por la excitación y la esperanza. Tenía una fe ciega en que, por fin, sanaría. No podría tolerar, al final de todo, seguir con el mismo defecto en la cadera.

Con el cuerpo inclinado hacia un costado, bajó la escalera, dando saltos con dificultad, mientras en su imaginación se veía bajando esa misma escalera dentro de unos meses: Corriendo, sin necesidad de sujetarse con fuerza del pasamanos, por temer a que en cualquier momento le fallara la cadera derecha y cayera rodando escalera abajo.

Charles Johnston, un hombre de cincuenta y dos años, de cabello prematuramente cano, dejó a un lado el periódico al verla entrar en la sala y sus ojos azules y brillantes observaron la excitación que se reflejaba en los ojos de su hija.

– ¿Ya recogiste todo? -le preguntó sonriendo.

Con un ademán afirmativo, Devon le contestó:

– ¡Oh, papá, no puedo creerlo! Me… parece un sueño, no sólo que hayas localizado al médico Henekssen en Suecia, que dice que puede corregir… -se detuvo-, mi… mi cadera… si no también que hayas logrado reunir el dinero para poder operarme -las lágrimas brillaron en sus ojos al decirle-: Nunca podré pagarte esto.

A pesar de no ser un hombre que mostrara sus emociones, se tuvo que aclarar la garganta. Dedicado a su hija, sabía más que nadie lo que esa operación significaba para ella. Él, mejor que nadie, había visto el efecto que el accidente automovilístico produjo en su hija, en aquel tiempo una activa adolescente de quince años y medio. Su esposa había muerto en el percance y tal vez ese hecho había contribuido al retraimiento de Devon, al perder a su madre en una edad tan importante de su vida. Se había sometido a dos operaciones, pero, a pesar de ello, seguía con la desagradable cojera que tanto odiaba, y él había observado cómo ahora, al llegar a los veintiún años, no mostraba señal alguna de volver a ser la joven alegre que era antes de sufrir el accidente.



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