Se quedaron callados de nuevo, mientras Devon pensaba si Grant Harrington dejaría libre a su padre, si alguien, si ellos pudieran devolver el dinero. ¿Pero cómo? Sabía que se trataba de varios miles. Ignoraba la cifra exacta, pero estaba segura de que su tratamiento no había sido barato. ¿Pero en dónde podrían conseguir siquiera mil libras? Sólo era una esperanza…

– ¡La casa! -dijo de repente, excitada-. Podríamos vender la casa, le daríamos el dinero a Harrington y nos cambiaríamos a un…

– El banco tiene prioridad sobre la casa, pequeña -la interrumpió, revelándole algo que no sabía. En ese instante fue cuando se dio cuenta con exactitud de cómo se había agotado él y sus recursos. Al ver la expresión en su rostro, él le dijo-: Valió la pena, nunca pienses que no lo valió. Era necesario que tuvieras el mejor tratamiento que pudiera conseguirte para la cadera -le apretó la mano con fuerza-. Lo recibiste y nunca nadie sabrá que tuviste un problema.

– ¿No le dijiste… a Grant Harrington por qué te viste en la necesidad de tomar su dinero? ¿Que fue para que pudiera operarme?

– El dinero había desaparecido y no tenía importancia decirle para qué fue utilizado -le contestó-. Perdí la confianza de la compañía y en los negocios eso es lo único que importa.

Como había dicho su padre, el dinero había desaparecido, se había roto la confianza, y el resto… no tenía importancia. Al recordar su encuentro de esa noche con Grant Harrington, se dio cuenta de que él pensaba que ella se había gastado de forma irresponsable cada centavo del suelo de su padre… y más aún. Al ignorar lo de su operación, se había sentido seguro, y además tenía todo el derecho de pensarlo así… que ella se lo había gastado.



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