
La felicidad que sintió al entrar en la casa había desaparecido para siempre e incluso tuvo más deseos de llorar, al escuchar lo que él le decía.
– Siento mucho que tu regreso a casa haya tenido que ser de esta forma -dándole a entender que si no hubiera llegado precisamente en el peor momento, él habría seguido ocultándoselo mientras hubiera podido-. Cualquier cosa que suceda, si tengo o no que ir a prisión -la palabra "prisión" le heló la sangre-, habrá valido la pena -sintió como si se le destrozara el corazón cuando, a pesar de todos los problemas que tenía, intentó aparentar alegría, diciéndole-: Bien, ¿no es hora ya de que me cuentes cómo te fue? Vamos a abrir la botella de jerez para celebrarlo y cuéntamelo todo.
Capítulo 3
Al despertarse la mañana siguiente, Devon tenía tan fresco en su mente todo lo que había ocurrido, como lo tuvo en las muchas horas que permaneció despierta durante la noche.
Sin sentir ninguna alegría, lo había ayudado a mantener la farsa de una feliz bienvenida. Ella y su padre habían bebido un jerez y le había contado parte de su tratamiento postoperatorio.
Con todas las preocupaciones que tenía, no le había querido decir la molestia que sentía de vez en cuando en la cadera. Tampoco le había mencionado las instrucciones del doctor Henekssen en el sentido de que debería descansar con frecuencia. Su operación le había costado muy cara a su padre: le había costado su honor. Él le había dicho que había valido la pena y, para su tranquilidad, era necesario que lo siguiera creyendo así.
– La operación fue un enorme éxito -le había dicho Devon, sabiendo en su interior que sólo podría estar segura una vez que el doctor McAllen la reconociera dentro de varias semanas-. El doctor Henekssen me dijo que ya podía hacer todo lo que deseara -le había dicho con tono alegre, omitiendo que le había aclarado que sería "dentro de poco tiempo".
Su padre le había sonreído, preguntándole si sería necesario en realidad que volviera a ver a su médico.
