
– En realidad soy yo -le contestó obligándose a sonreír-. Me voy mañana para Estocolmo.
De repente le pareció que se había enfadado o quizá esa era su forma de ser.
– Por el tamaño de su equipaje me parece que va a permanecer allá bastante tiempo -le comentó con sequedad.
Por el rostro de su padre, supo que nunca le diría a lo que iba, por lo que le sonrió y dijo.
– Primero veré si me gusta… pero quizá me quede durante un par de meses.
En realidad no había mentido por completo, pues si la operación no tenía éxito, regresaría mucho antes de los dos meses. Su padre tosió discretamente, haciendo que Grant Harrington lo mirara y le dijera:
– Quisiera hablar un momento en privado con usted, Charles. ¿Podemos pasar a otra habitación?
Devon observó que su padre seguía muy tenso y quiso decirle que no le importaba.
– Usa el comedor, papá -le dijo sonriendo-. Creo que iré a acostarme -añadió haciéndose más amplia su sonrisa al pensar en el secreto que los dos compartían y al que no tendría acceso Grant Harrington-. Mañana es un gran día.
Vio cómo su padre, con toda intención, cerraba la puerta del comedor una vez que entraron, habiendo dejado abierta la de la sala para que ella pudiera subir.
Una vez en la habitación se acostó, pero sin poder apartar sus pensamientos de los dos hombres en el comedor. Grant Harrington nunca antes había venido a la casa, y esto la hacía pensar que sucedía algo importante en la empresa. Ahora se daba cuenta de lo poco que sabía del trabajo de su padre; siempre supo que se trataba de un puesto importante, pero no pensó que fuera un director o tuviera una posición de esa categoría.
