
—¿Y si me niego a seguir adelante? —Bey vio la incomodidad del otro hombre—. Oh, demonios, vamos. He pasado toda mi carrera sin hablar de ciertas cosas. Puedo hacerlo un poco más.
—Gracias. No lo lamentará. —Manx se acomodó en el sillón—. Señor Wolf, en el Sistema Exterior ha surgido un problema tan serio que toda información sobre el mismo se da sólo por estricta necesidad. En pocas palabras, se ha producido un colapso generalizado del funcionamiento del equipo de cambio de formas, hasta el punto de que el proceso está siendo ejecutado sólo en casos de emergencia, como mi propia visita a la Tierra.
—¿Generalizado? ¿No sólo de una máquina o dos?
—De cientos de máquinas, y el ritmo de averías ha crecido rápidamente. Hace un año, podíamos señalar dos o tres casos de errores importantes en los resultados. Hoy, tenemos casos a millares.
—Entonces tiene que ser un problema general de software. No les hago falta para eso. Hay otras personas que saben más y pueden ofrecerles mejores consejos.
Los ojos de Manx, sorprendentemente redondos y huecos debido a la ausencia de cejas, miraron en otra dirección.
—¿Está pensando tal vez en Robert Capman…?
—Lo haría, pero se encuentra en una misión estelar de larga duración. Mi sugerencia es la propia CEB. ¿Por qué no los llaman? Estarán tan dispuestos a resolver esto como ustedes. —Bey intentó adoptar una expresión inocente. Era una forma tan buena como cualquiera de probar la sinceridad del nubáqueo.
Manx pareció dolido.
—Ya hemos consultado con la Corporación de Equipos Biológicos. Enviaron un equipo de expertos, que revisaron todo lo que pudimos mostrarles y declararon que no podían encontrar ninguna prueba de problema alguno. Por desgracia, no estamos convencidos de que su revisión fuera tan concienzuda como cabría desear. Hay un desacuerdo antiguo con la CEB referido a la cantidad adecuada de royalties que el Sistema Exterior paga por el uso de los sistemas de software y hardware de cambio de formas de la CEB…
