
—¿Cómo lo sabe, sin una observación personal?
—Llevo mucho tiempo tratando con el control de formas. Como dije al principio, tienen ustedes un problema de software. El hecho de que el equipo de la CEB no pudiera encontrarlo… o decidiera no hacerlo, no tiene importancia alguna. Vuelvan a llamarlos, pregunten por María Sun. Si alguien puede resolverles el problema, es ella.
Manx se levantó también.
—Señor Manx, opino que se subestima a usted mismo y a la dificultad de este problema. Pero no puedo hacerle cambiar de opinión aquí en la Tierra. Permítame introducir una nueva variable en la ecuación. Mientras venía de camino, pedí y leí una copia de su expediente a la Oficina de Control de Formas. Es algo que debería haber hecho antes. Me he enterado de sus circunstancias personales con más detalle.
—Ha descubierto que me estoy volviendo loco.
—Está usted enfermo. Si sabe algo del Sistema Exterior, tal vez sepa también que hemos avanzado mucho en el tratamiento de las enfermedades mentales. Casualmente, es mi propia especialidad. Si está de acuerdo en viajar conmigo, simplemente para observar el fenómeno con sus propios ojos durante unos cuantos días, dedicaré mis mejores esfuerzos a su problema personal.
—Lo siento. La respuesta sigue siendo negativa. —Bey se encaminó a la puerta, pero Leo Manx hizo un gran esfuerzo y llegó allí primero.
—Una observación más, señor Wolf. Y por favor, discúlpeme por importunarlo. Vivió usted con Mary Walton durante siete años. ¿Es posible que su renuencia a visitar el Sistema Exterior se deba al temor de verse obligado a relacionarse allí con ella?
Bey pasó junto al otro hombre, intentando no tocarlo.
