
I. Hace 4.000 millones de años. El cronar flotó en una nubecilla de dióxido de silicio sobre la tierra hirviente y recogió lánguidamente sus datos con instrumentos automáticos. El vapor que había desplazado se condensó y cayó en gotas grandes, brillantes.
…insistieron en que no deberíamos realizar más experimentos hasta haber comprobado los aspectos matemáticos del problema una vez más. Llegaron incluso a afirmar que era posible que, si ocurrían cambios, no los notáramos, que ningún instrumento imaginable los detectaría. Pretendieron que aceptaríamos dichos cambios como algo que había existido siempre. ¡Bien! Todo esto en un momento en que nuestro país —y el suyo, señoras y caballeros de la prensa, el suyo también— estaba en mayor peligro que nunca. Pueden ustedes…
No encontraba palabras. Se paseó por la cabina meneando la cabeza. Todos los reporteros, en el largo banco de madera, le acompañaron moviendo las cabezas.
Sonó otro gong. Las dos esferas aparecieron brevemente, chocaron y rebotaron en direcciones cronológicas opuestas.
—Ahí lo tienen. —El funcionario agitó los brazos hacia el transparente suelo del laboratorio, sobre sus cabezas—. Se ha completado la primera oscilación. ¿Ha cambiado algo? ¿No está todo igual? Pero los disidentes mantendrían que han ocurrido alteraciones sin que nos demos cuenta. Con puntos de vista no científicos, basados en la fe, no puede haber discusión. Gente así…
II. Hace 2.000 millones de años. La gran bola disparó sus cámaras sobre la tierra en erupción. Algunas costras al rojo vivo golpearon su superficie. Cinco o seis mil moléculas complejas perdieron su estructura básica al chocar contra ella. Cien no lo hicieron.
…se esfuerza 30 horas de cada 33 del día para convencernos de que el blanco no es negro, de que tenemos siete lunas en vez de dos. Son especialmente peligrosos…
