
Sonó un gong. La aguja del reloj tocó la marca roja. Cinco de los técnicos, abajo, movieron palancas y, casi antes de que los periodistas pudieran inclinarse hacia adelante, las dos esferas ya no se vieron a través del grueso plástico de la cortina. Los lugares que habían ocupado estaban vacíos.
—¡El cronar ha comenzado su viaje a 4.000 millones de años en el pasado! ¡Señoras y señores, un momento histórico, un momento profundamente histórico! No regresará hasta dentro de un rato; emplearé ese tiempo para señalar y presentar las falacias de la… ¡federación de suspirantes crónicos!
Una risa nerviosa se extendió como una onda en el agua hasta el secretario en funciones del ayudante ejecutivo para relaciones con la prensa. Los doce periodistas se acomodaron para oír como desmenuzaba las ridículas ideas.
—Como ustedes saben, uno de los temores que se tenían sobre el viaje al pasado era que actos de apariencia inocentísima podrían causar cambios cataclísmicos en el presente. Probablemente conocen la fantasía en su forma más popular: si hubieran matado a Hitler en 1930, él no habría obligado a emigrar a los científicos de Alemania y otros países ocupados posteriormente, esta nación no habría tenido la bomba atómica, no habría habido una tercera guerra atómica y Venezuela sería aun parte del continente sudamericano.
"El traidor Shayson y su ilegal federación extendieron esta hipótesis a actos más detallados y nimios como desplazar una molécula de hidrógeno que en nuestro pasado no se desplazó realmente.
"En el primer experimento del subproyecto Coney Island, cuando el cronar se envió al pasado un noveno de segundo, una docena de laboratorios diferentes verificaron por todos los medios imaginables, buscaron meticulosamente cualquier posible cambio. ¡No hubo ninguno! Los funcionarios del gobierno llegaron a la conclusión de que la corriente del tiempo era rígida, pasado, presente, y futuro, y que nada en ella podía alterarse. Pero Shayson y sus secuaces no estaban satisfechos; ellos…
