– ¿Qué puede hacer entonces?

– Puedo hacer que camine por el borde del abismo. Voy a desviar sus pasos para que usted siga por la enorme extensión de esta margen entre la vida y la muerte; puede ir a derecha e izquierda, pero mientras que no caiga en él, podrá continuar vivo.

El nagual Elías no esperaba gran cosa del actor, un hombre prejuicioso, libertino, y cobarde. Se quedó sorprendido cuando a las cinco de la mañana del día siguiente, lo encontró esperando en uno de las salidas del pueblito. Lo llevó para las montañas, le enseñó los secretos de los antiguos naguales mexicanos, y con el tiempo Julián Osorio se transformó en uno de los más respetados hechiceros yaquis. Nunca se curó de la tuberculosis, pero vivió hasta los ciento siete años, siempre caminando por el borde del abismo.

Cuando llegó el momento indicado, comenzó a aceptar discípulos, y tuvo a su cargo el entrenamiento de Don Juan Matus, quien a su vez le enseñó las antiguas tradiciones a Carlos Castaneda. Castaneda, con su serie de libros, terminó por hacer conocer estas tradiciones en el mundo entero.

Una tarde, conversando con otra discípula de Don Juan, Florinda, ella comentó:

– Es importante para todos nosotros tener en cuenta el camino del nagual Julián al borde del abismo. Nos hace entender que todos tenemos una segunda oportunidad, aún cuando estemos muy cerca de desistir.

Castaneda estuvo de acuerdo: examinar el camino de Julián significaba entender su extraordinaria lucha para mantenerse vivo. Entender que esta lucha se libraba segundo a segundo, sin ningún descanso, contra los malos hábitos y la autocompasión. No se trataba de una batalla esporádica, sino de un esfuerzo disciplinado y constante para mantener el equilibrio; cualquier distracción o momento de debilidad podría arrojarlo al abismo de la muerte.

Sólo había una manera de vencer las tentaciones de su antigua vida: enfocar toda su atención en el borde del abismo, concentrarse en cada paso, mantener la calma, no tener apego a nada más allá del momento presente.



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