
O sea, el tipo de camino que todo ser humano tiene que recorrer; el problema es que nadie se da cuenta de que está siempre al borde del abismo.
EL QUE MÁS SE PREOCUPABA
El autor Leo Buscaglia cierta vez fue invitado a actuar de jurado en un concurso escolar, cuyo tema era: "el niño que más se preocupa por los demás".
El vencedor fue un niño cuyo vecino -un señor de más de ochenta años-acababa de quedar viudo. Al ver al anciano en su huerta, llorando, el niño saltó la cerca, se sentó en su regazo, y allí se quedó por largo tiempo.
Cuando volvió a su casa, la madre le preguntó qué le había dicho al pobre hombre.
– Nada -dijo el niño. -El ha perdido a su esposa y eso debe haberle dolido mucho. Yo fui solamente a ayudarlo a llorar.
EL JARRÓN DE PORCELANA Y LA ROSA
El Gran Maestro y el Guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día, el Guardián murió y fue necesario sustituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para elegir quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
– Voy a presentarles un problema -dijo el Gran Maestro. -Y aquél que lo resuelva primero será el nuevo Guardián del templo
Terminado su cortísimo discurso, colocó un banquito en el centro del salón. Sobre éste puso un jarrón de porcelana carísimo, con una rosa roja para adornarlo.
– He aquí el problema -dijo el Gran Maestro.
Los discípulos contemplaron, perplejos, lo que tenían delante: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba todo eso? ¿Qué debían hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Después de algunos minutos, uno de los discípulos se puso de pie, y miró a su vez al Maestro y a los alumnos. Después, caminó resueltamente hacia el jarrón, y lo arrojó contra el suelo, destruyéndolo.
