
"Ustedes me pagan para aprender a vivir en armonía, y yo contraté a este hombre para que me ayude a enseñarles todo esto -por el camino opuesto.
LA BÚSQUEDA DEL SABIO
El abad Abraham supo que cerca del monasterio de Sceta había un sabio. Fue a buscarlo y le preguntó:
– Si hoy encontrara usted una bella mujer en su cama, ¿conseguiría pensar que no es una mujer?
– No-, le respondió el eremita-, pero sabría controlarme.
El abad continuó:
– ¿Y si descubriera monedas de oro en el desierto, podría contemplar este oro como si fueran piedras?
– No. Pero sabría controlarme para dejarlo en su lugar.
Insistió Abraham:
– Y si a usted lo buscaran dos hermanos, uno que lo odia y otro que lo ama, ¿lograría pensar que los dos son iguales?
Dijo el ermitaño:
– Aunque sufriera, trataría al que me ama de la misma manera que al que me odia.
Aquella noche, al regresar a su monasterio de Sceta, Abraham le comentó a sus novicios:
– Les voy a explicar lo que es un sabio. Es aquel que en lugar de matar sus pasiones, consigue controlarlas.
EL PAN Y LA MANTECA
Nuestra tendencia es siempre la de creer en la famosa "ley de Murphy": todo lo que hacemos siempre tiende a salir mal. Hay una interesante historia al respecto:
Un hombre tomaba tranquilamente su café de la mañana. De repente, el pan sobre el que acababa de untar manteca, cayó al piso.
¡Cual no fue su sorpresa cuando, al mirar hacia abajo, vio que la parte donde había untado la manteca había caído boca arriba! El hombre consideró que estaba en presencia de un milagro: contento, fue a conversar con sus amigos acerca de lo ocurrido -y todos se mostraron sorprendidos porque el pan, cuando cae al suelo, siempre queda con la parte de la manteca boca abajo, ensuciando todo.
