– Tal vez seas un santo -dijo uno. -Y estás recibiendo una señal de Dios.

La historia fue pronto conocida en la pequeña aldea, y todos se pusieron a discutir animadamente lo ocurrido: ¿cómo es que, contrariamente a lo que se decía, el pan de aquel hombre había caído al suelo de esa manera? Como nadie conseguía dar con la respuesta adecuada, fueron a buscar a un maestro que vivía en las cercanías, y le contaron la historia.

El maestro pidió una noche para rezar, reflexionar, pedir inspiración divina. Al día siguiente, todos volvieron a verlo, ansiosos por escuchar la respuesta.

– Es una solución muy simple -dijo el maestro. -La verdad, el pan cayó al suelo exactamente como debía caer; fue la manteca la que estaba untada del lado equivocado.

LA CEREMONIA DEL TÉ

Consigo que mi editor, Maseo Masuda, finalmente me invite a la tradicional ceremonia del té. Él piensa que no voy a entender bien: "no pasa nada especial", me repite varias veces.

Nos vamos hacia una montaña cerca de Hakone, entramos en un pequeño cuarto, y su hermana, vestida ritualmente con un kimono nos sirve el té. Sólo eso: pero todo se hace con tanta seriedad y protocolo, que una práctica cotidiana se transforma en un momento de comunión con el Universo.

El maestro de té, Okakusa Kasuko, explica lo que acontece: "la ceremonia es la adoración de lo bello. Todo el esfuerzo se concentra en la tentativa de llegar a lo Perfecto a través de los gestos imperfectos de la vida cotidiana. Toda su belleza consiste en respetar las cosas simples que hacemos, pues ellas pueden llevarnos a Dios".

Si un simple encuentro para beber té puede llevarnos a Dios, qué decir de las otras oportunidades que se presentan a diario -sin que nos demos cuenta.

LA CERTEZA, LA ESCUELA Y LA DUDA



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