
– ¿No ves? -respondió el niño. -Esto es una ciudad.
– Muy bien -dijo ella. -Ahora, por favor, sal del medio del camino, que necesito pasar con mis hombres.
El niño se levantó, irritado, y se puso delante de ella.
– Una ciudad no se mueve. Un ejército puede destruirla, pero no se moverá de su lugar.
Sonriendo ante la determinación del muchacho, Juana de Arco le ordenó a su ejército que saliese del camino y que pasase por el costado de la "construcción".
MIRANDO PARA OTRO LADO
Le pregunto a Masao Masuda cómo es que los japoneses lograron conquistar determinados mercados, que antes eran dominados por los americanos.
– Muy simple: los americanos tienen una idea, se encierran en una sala a investigar, toman decisiones, y gastan una energía inmensa en probar que tienen razón.
"Nosotros no le queremos probar nada a nadie: dejamos que cada ser humano manifieste sus necesidades, y procuramos satisfacerlas. El resultado práctico es que cada uno termina comprando aquello que ya deseaba antes.
Y concluyó:
– Aquel que sólo desea demostrar que tiene razón, termina por actuar equivocadamente.
LA HISTORIA DE LOS DOS VIDENTES
Presintiendo que su país en no mucho tiempo terminaría sumergido en una guerra civil, el sultán llamó a una de sus mejores videntes y le preguntó cuánto tiempo le quedaba de vida.
– Mi adorado maestro, el señor vivirá lo bastante para ver muertos a todos sus hijos.
En un acceso de furia, el sultán inmediatamente mandó ahorcar al hombre que había pronunciado tan aterradoras palabras. Pero entretanto, ¡la guerra civil seguía siendo una amenaza! Desesperado, llamó a un segundo vidente.
– ¿Cuánto tiempo viviré? -preguntó, procurando saber si todavía sería capaz de controlar una situación potencialmente explosiva.
– Señor, Dios le ha concedido una vida tan larga que durará más que la de sus hijos y llegará hasta la generación de sus nietos.
