Agradecido, el sultán mandó que se lo recompensara con oro y plata. Al salir del palacio, un consejero comentó con el vidente:

– Tú le has dicho lo mismo que el adivino anterior. Pero el primero fue ejecutado y tú has recibido recompensas. ¿Por qué?

– Porque el secreto no está en lo que se dice sino en cómo se lo dice. Siempre que debas disparar la flecha de la verdad, no olvides mojar la punta en el tarro de miel.

EL PRESENTE EQUIVOCADO

Miye Tamaki resolvió dejar lo que hacía -era economista-para dedicarse a la pintura. Durante años buscó un maestro adecuado, hasta que encontró a una mujer especialista en miniaturas, que vivía en el Tibet. Miye dejó el Japón y fue a las montañas tibetanas, a aprender lo que precisaba.

Fue a vivir con la profesora, que era extremadamente pobre.

Al final del primer año, Miye regresó al Japón por algunos días, y regresó al Tibet con regalos mal elegidos. Cuando la profesora vió lo que le había traído, comenzó a llorar, y le pidió a Miye que no volviera más a su casa, diciendo:

– Antes, nuestra relación era de igualdad y amor. Tú tenías techo, comida y pinturas. Ahora, al traerme estos regalos, has establecido una diferencia social entre nosotras. Si existe esta diferencia, no puede existir ni comprensión ni entrega".

LA IMPORTANCIA DE SABER LOS NOMBRES

Zilu le preguntó a Confucio:

– Si el rey Wen lo llamase para gobernar el país, ¿qué es lo que haría primero?

– Aprender los nombres de mis asesores.

– ¡Qué tontería! ¿Es ésta la preocupación de un primer ministro?

– Un hombre nunca puede recibir ayuda de lo que no conoce -respondió Confucio. -Si él no entiende a la Naturaleza, no comprenderá a Dios. De la misma manera, si no sabe quién está de su lado, no tendrá amigos. Sin amigos, no puede establecer ningún plan.



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