
– Sí, lo-lo admito -confesó ella tartamudeando, con lágrimas en los ojos.
Después de aquel tira y afloja, Alik abrió la puerta del despacho y apagó la luz.
– Vamos, tengo el coche aparcado en la parte de atrás, te llevaré a casa. Ahora mismo.
Alik sabía que, durante aquellos últimos segundos de vacilación, Blaire luchaba contra algo más que el mero deseo de no ser una carga. Todo su mundo cambió en el instante en que ella pasó por su lado rozándolo, rindiéndose. Aquel contacto accidental de las caderas de ambos fue como una lengua de fuego que sellara su destino.
Al ver de lejos la ciudad de Warwick, los tortuosos pensamientos de Alik desaparecieron dando paso al presente. Había mandado al infierno a Blaire Regan hacía mucho tiempo. Aquella bella y traicionera cobarde había terminado con su romance sin darle siquiera una explicación que pudiera hacérselo todo más sencillo. Y, para complicar las cosas un poco más, había huido sin dejar rastro. Al negarse a enfrentarse a él, Blaire le había negado la posibilidad de cerrar la herida de una vez por todas.
El mentón de Alik se endureció.
Aquella mañana, presentándose de ese modo en su remolque, Blaire había cometido un terrible error. Conocería el significado de la palabra crueldad ese mismo día, antes de que saliera el sol. Y sería ella la que lamentaría entonces que sus caminos se hubieran cruzado.
Alik se aferró al volante y giró entrando en el aparcamiento del Bluebird Inn.
Capítulo 2
En cuanto terminaron las noticias de las diez de la televisión, Blaire se dio cuenta de que había estado esperando algo que jamás iba a suceder. Miró a su hijo, acostado sobre una de las camas de la habitación, aún despierto. Parecía darse cuenta de que aquel día había sido diferente de los demás.
– ¡Qué triste que Alik no vaya a conocerte jamás, Nicky! -exclamó dejando caer las lágrimas por la mejilla-.
