– Debes sentirte fatal, deberías irte a la cama. ¿Cómo has podido venir en estas condiciones?

– En autobús.

Alik, escandalizado ante su propia falta de sensibilidad, contestó:

– Ha sido culpa mía. Yo ya he terminado las clases por hoy, así que te llevaré a tu casa.

– ¡Oh, no! -sacudió ella la cabeza-. Es usted muy amable, pero no será necesario. Ya que estoy aquí, preferiría que me dejara hacer el examen, luego me iré.

Blaire se mostró muy reservada a la hora de quedarse a solas con él, pero Alik había notado que una llama ardiente se había encendido en su interior. Lo sabía porque también se había encendido en lo más profundo de su ser. Era una energía invisible que los unía a los dos.

La respiración de Alik se había vuelto profunda, una vena palpitaba sin control en el cuello de Blaire. Alik sintió un deseo imperioso por posar sus labios sobre los de ella.

– Olvídate del examen, te llevaré a casa.

– Pero mis padres viven a veinte kilómetros del campus, está demasiado lejos. No puedo permitirlo.

Cuanto más se oponía ella, más decidido se mostraba él.

– Está bien, si no me permites arreglar esto personalmente, llamaré a un taxi.

– No, por favor, no tengo dinero para pagarlo.

– Yo lo pagaré, naturalmente.

– ¡Profesor Jarman…! -suspiró Blaire frustrada entonces, satisfaciendo enormemente a Alik.

– Mi nombre es Alik, y si vas a negarte a que te ayude deja al menos que llame a tus padres para que vengan a buscarte.

– Mi padre es el único que tiene coche, y ahora mismo está dando clase. Es profesor en un colegio, y jamás soñaría con interrumpirlo.

– Entonces solo queda la opción de que te acompañe en el autobús -alegó él poniendo los brazos en jarras y observándola tragar.

– ¿Y por qué iba a acompañarme?

– Porque con ese constipado puedes hasta desmayarte. Si empiezas a marearte, quiero estar presente. Admite que estás a punto del colapso.



16 из 138