– Bueno, ya sabe dónde encontrarme si puedo serle útil en algo más.

Novak señaló con un gesto el saco de carbón que le había ayudado a subir desde el taxi y dijo:

– Por el aspecto de su cara, diría que se ha ganado ese carbón.

– Digamos que aun quemándolo todo de una vez esta habitación no llegaría a estar ni siquiera templada. -Hice una pausa-. No es asunto mío, doctor Kovak, pero ¿va a volver?

– Tiene razón, no es asunto suyo.

Le deseé suerte de todos modos y, cuando se hubo ido, llevé una paletada de carbón a la sala y con un cuidado solo inquietado por mis crecientes expectativas de volver a estar caliente en casa, preparé y encendí el fuego en laestufa.

Pasé una mañana agradable, tendido en el sofá, y casi me sentía tentado a quedarme en casa durante el resto del día. Pero por la tarde saqué un bastón del armario y fui cojeando hasta la Kürfurstepdamm, donde, después de hacer cola durante al menos media hora, cogí un tranvía hacia el este.

– Mercado negro -gritó el revisor cuando estuvimos a la vista de las ruinas del viejo Reichstag, y el tranvía se vació.

Ningún alemán, por respetable que fuera, consideraba vergonzoso hacer un poco de estraperlo de vez en cuando, y con una renta media de unos doscientos marcos -suficiente para pagar un paquete de cigarrillos- incluso las empresas legales dependían en muchas ocasiones de los productos del mercado negro para pagar a los empleados. La gente utilizaba sus prácticamente inútiles Reichsmarks para pagar el alquiler y para comprar sus miserables asignaciones del racionamiento. Para los estudiosos de la economía clásica, Berlín representaba el modelo perfecto de un ciclo económico determinado por la codicia y la necesidad.

Enfrente del ennegrecido Reichstag, en un solar del tamaño de un campo de fútbol, había casi mil personas, en pequeños grupos conspiradores, sosteniendo ante sí lo que habían ido a vender, como si fuera un pasaporte en una frontera muy concurrida: paquetes de sacarina, cigarrillos, agujas de máquinas de coser, café, cartillas de racionamiento (la mayoría falsificadas), chocolate y condones.



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