
– No -dije. Pero como prisionero de guerra soviético había comido bastante de esa grasa, untada encima de pan negro, como para no conocer, y demasiado bien, el término. ¿Lo habría adivinado?
– Nye shooti?, ¿en serio? -dijo con una sonrisa-. Apuesto a que sí. Igual que apuesto a que sabe que soy del MVD ¿verdad? No llevo ni cinco minutos hablando con usted y ya puedo decir que tiene interés en ocultar el hecho de que habla un buen ruso. Pero ¿por qué?
– ¿Por qué no me dice qué quiere, coronel?
– Vamos, vamos -dijo-. En tanto que oficial de Inteligencia es natural que sienta curiosidad. Usted, precisamente, debería comprender esa clase de curiosidad, ¿no es cierto?
El humo le fluía de la nariz, fina como una aleta de tiburón, al fruncir los labios en un rictus de disculpa.
– A los alemanes no les conviene ser demasiado curiosos -dije-. Al menos en estos tiempos.
Se encogió de hombros, fue hasta mi escritorio y miró los dos relojes que había encima de él.
– Quizá -murmuró, pensativo.
Confiaba que no tuviera intención de abrir el cajón donde ahora recordaba que había guardado la automática del iván. Tratando de llevarlo de nuevo a lo que fuera que lo hubiera traído a verme, pregunté:
– ¿No es verdad que todos los detectives privados y las agencias de información están prohibidos en su zona?
– Vyerno, exacto, Herr Gunther. Y es así porque esas instituciones no sirven para nada en una democracia…
Poroshin chasqueó la lengua cuando yo empecé a interrumpirle.
– No, por favor, no lo diga, Herr Gunther. Iba a decir que no puede decirse que la Unión Soviética sea una democracia. Pero si lo dijera, el camarada presidente podría oírlo y enviar a unos hombres horribles que le secuestrarían a usted y a su esposa. Por supuesto, los dos sabemos que los únicos que ahora se ganan la vida en esta ciudad son las prostitutas, los estraperlistas y los espías. Siempre habrá prostitutas, y los estraperlistas solo durarán mientras no se reforme la moneda alemana. Queda el espionaje. Esa es la nueva profesión que hay que tener, Herr Gunther. Tendría que olvidarse de ser detective privado cuando hay tantas nuevas oportunidades para las personascomo usted.
