Después de permanecer sentado por más de una hora, Malov se levantó y caminó hacia el este por el flanco de la colina que bordea el río. Pudo divisar dos cargueros amarrados río abajo en la estación de carga, y lo que parecía ser un elevador de carga moviéndose espasmódicamente hacia adelante y hacia atrás bajo las luces enceguecedoras del muelle.

Alguien que ronda de noche, robando, sin duda.

Más adelante vio un conjunto de cúpulas doradas que brillaba a la luz de la luna mientras sus cruces creaban sombras curvas alargadas y amenazantes. La reja de entrada al cementerio de la iglesia chirrió. Malov se agazapó y avanzó pegado a la verja hasta quedar a la sombra del campanario. Dentro de la iglesia se vislumbraba una luz, y cada tanto veía pasar una silueta tras las ventanas Pero no se escuchaban cánticos ni plegarias, tampoco había fieles esperando una tardía bendición nocturna Malov en persona había tomado las medidas para que el padre Alexei fuera llevado a un apartamento en el extremo norte de la ciudad, donde no estuviese disponible para bendiciones nocturnas tardías. El único que estaría en la iglesia ahora sería Tikhonovich. sacando el polvo a los iconos, susurrando conjuros, planificando sus subversiones y encuentros en Cristo.

Malov atornilló el silenciador, colocó un cargador nuevo y se arrastró hacia la tumba más cercana. La lápida estaba rodeada por una cerca de hierro rematada con púas. Apoyó el antebrazo en el travesano horizontal, apuntó la pistola hacia arriba y disparó tres veces. Hizo dos blancos y escuchó desvanecerse el eco metálico de la campana. Pocos segundos después la puerta de la iglesia se abrió y Tikhonovich apareció en un marco de luz amarilla, santiguándose como un mono.



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