«No te preocupes, podré con él». Flora recordó su promesa a Paige, formulada unas horas antes. Ya no estaba tan segura de sus fuerzas. Si alguien parecía capaz de domar al mismo demonio, ese era Davenport.

Se detuvo un momento para dar órdenes al hombre joven y después, siempre hablando por teléfono, se dirigió hacia Flora, que se puso recta y preparó su mejor sonrisa.

Pero el hombre de negocios pasó a su lado, camino de la escalerilla sin apenas mirarla. La sonrisa de Flora se convirtió en una mueca de asombro.

– ¡Señor Davenport! -exclamó, corriendo tras él.

– ¿Usted quién es? -dijo éste apartando el teléfono de su oído, pero sin detenerse.

– Soy Flora Mason, su nueva secretaria -dijo ésta sin aliento. No era fácil caminar a su paso mientras sostenía su bolsa y se apartaba el cabello de la cara para poder hablar-. Quedé en verlo aquí.

Matt Davenport se detuvo al pie del avión y bajó el teléfono. No podía ver gran cosa de la joven que corría tras él salvo que tenía un montón de pelo. La miró durante unos segundos antes de subir las escaleras.

– ¿Es usted lo mejor que han podido enviarme?

– Sí… esto… Me pidieron que hiciera la prueba hoy -dijo Flora, subiendo de dos en dos los escalones tras él-. Paige me recomendó -añadió con una punzada de desesperación-. Me dijeron que necesitaba a alguien para reemplazarla un tiempo.

Matt se detuvo tan bruscamente en lo alto de la escalerilla que Flora casi choca con él.

– ¿Es la amiga de Paige? -no podía creerse que aquella joven desastrada tuviera algo en común con su elegante, discreta e impecable secretaria personal.

– Sí -Flora estaba sonrojada y se había quedado sin aliento por la subida. Hizo un último intento por controlar su melena-. Ella sugirió mi nombre a su departamento de personal y me llamaron ayer.

Matt le dedicó otra mirada hiriente y luego masculló:



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