– ¿Por qué?

– Porque si no…

En vez de esperar a oír lo que ocurriría si no hablaban, David la besó. Había clientes en la barra, varios estudiantes de universidad estaban discutiendo apasionadamente sobre la economía mundial y un anciano estaba en una esquina leyendo el periódico. Pero a David no le importó. En aquel momento, sólo sentía la boca de aquella mujer contra la suya.

Liz era suave y cálida y se derritió contra él mientras sus labios le devolvían el beso casto que él le había ofrecido. El calor y el deseo se avivaron. Ella olía a flores, a piel limpia, a rayos de sol y a algo que sólo podía ser Liz. Él la abrazó con fuerza contra su cuerpo. Quería sentirla. La deseaba y si no tuviera que tomar un avión, lo habría mandado todo al infierno con tal de estar con ella.

– Esto es una locura -susurró Liz cuando él se apartó-. Acabamos de conocernos.

David se sintió satisfecho al ver que ella tenía las pupilas dilatadas y la respiración tan agitada como la suya.

– Hay cosas que no requieren demasiado tiempo -respondió-. Cuando ocurren tan rápidamente, es porque están bien.

Ella sacudió la cabeza.

– No sé. Yo nunca había reaccionado así. ¿Y tú?

Él le rozó los labios con la boca.

– No. Ni parecido.

Liz se estremeció.

– Abrázame. Abrázame durante todo el tiempo que nos quede. Por favor.

Él obedeció. Le pasó un brazo por los hombros e hizo que se acurrucara contra él. Hablaron un poco, se besaron más y se limitaron a contemplar cómo transcurría el tiempo. Un poco después de las ocho, salieron de la cafetería y subieron al coche de alquiler de David. Él la llevó hasta el aparcamiento de Children's Connection, donde Liz había dejado su coche.

Liz no podía creer lo triste que se sentía. Había conocido a David hacía pocas horas, pero le parecía toda una vida. La idea de que se fuera, de no volver a verlo, le rompía el corazón.

Cuando él frenó junto al viejo sedán de Liz, ella se volvió a mirarlo.



13 из 138