
– ¿Monstruosa? -repitió ella-. ¿Puede saberse por qué te parece monstruosa?
– Por muchas razones -replicó él, irritado.
– Dime una por lo menos -dijo ella con ademán retador.
– Que es dos veces mayor que tú.
– No tanto, no tanto -replicó ella.
– Como mínimo tiene cuarenta y cinco años.
– Pero no aparenta más de treinta. Es realmente muy guapo… no me lo negarás. Ni tampoco que es rico y poderoso; es el noble más ilustre de Bretaña. Hará de mí una gran señora.
– Ya lo eres por la gracia de Dios, Aline.
– Vaya, eso está mejor. A veces puedes llegar a ser casi cortés -dijo y empezó a pasear arriba y abajo por la terraza. André-Louis la seguía.
– Algo más podría ser para demostrarte las razones por las cuales no debes permitir que esa bestia manche la belleza que Dios te ha dado.
Ella frunció el entrecejo y apretó los labios.
– Estás hablando de mi futuro esposo -le dijo en tono de reprobación.
– ¿Es cierto? ¿Ya es un hecho consumado? ¿Consentirá tu tío? ¡De modo que vas a ser vendida sin amor a un hombre que no conoces! Yo había soñado algo mejor para ti, Aline.
– ¿Mejor que ser la marquesa de La Tour d'Azyr?
El joven hizo un gesto de exasperación.
– ¿Acaso los hombres y las mujeres no son más que meros títulos? ¿Sus almas no cuentan para nada? ¿No hay en la vida alegría ni felicidad aparte del poder y del placer de los títulos rimbombantes que ambicionan las personas como él? Yo te había colocado tan alto, tan alto, Aline, mucho más que a ningún otro ser, como algo que no era terrenal. Hay alegría en tu corazón, inteligencia en tu mente, y, tal como pensaba, una visión que te permite traspasar la falsa cáscara y llegar al corazón de las cosas. Y ahora veo que vas a entregar todo eso, vas a vender tu cuerpo y tu alma por el título de marquesa de La Tour d'Azyr.
– Eres poco delicado -replicó ella ceñuda, aunque sus ojos reían-. Y te precipitas en tus conclusiones. Mi tío no dará otro consentimiento que el necesario para que ese caballero trate de obtener el mío. Mi tío y yo estamos muy compenetrados. No voy a venderme como si fuera un saco de patatas.
