De haber podido, era fácil adivinar cuál hubiera sido su reacción al documento. Pero Necker era el único piloto capaz de llevar a puerto seguro la zozobrante nave del Estado. Siguiendo su consejo, Su Majestad el rey volvió a remitir el asunto a los Estados de Bretaña para que lo solucionaran, pero con la significativa promesa de intervenir si las clases privilegiadas -la nobleza y el clero-se resistían al deseo del pueblo. Y por supuesto, las clases privilegiadas, precipitándose ciegamente hacia su destrucción, se resistieron, lo que provocó que el rey suspendiera los Estados.

Y ahora eran esas mismas clases se negaban a acatar la autoridad del soberano. La ignoraban deliberadamente, querían seguir celebrando sus sesiones y proceder a las elecciones a su manera, convencidos de que así lograrían salvaguardar sus privilegios y continuar su rapiña.

Una mañana de noviembre Philippe de Vilmorin llegó a Gavrillac con todas estas noticias. Era estudiante de teología del Seminario de Rennes y miembro del Casino Literario. Pronto encontró en aquel pueblo, desde tiempo atrás adormecido, el caldo de cultivo adecuado para encender su indignación. Un campesino de Gavrillac, llamado Mabey, había muerto aquella mañana en los bosques de Meupont, cerca del río, a causa de los disparos del guardabosque del marqués de La Tour d'Azyr. Al infortunado campesino lo sorprendieron robando un faisán que había caído en una trampa y el guardabosque cumplió al pie de la letra las órdenes de su señor.

Enfurecido ante un acto de tiranía tan absoluto y despiadado, el señor de Vilmorin propuso llevar el caso ante el señor de Kercadiou. Mabey era vasallo de Gavrillac, y Vilmorin esperaba que el señor de aquel pueblo exigiría por lo menos una indemnización para la viuda y los tres huérfanos, víctimas de aquella brutalidad.

Pero como Philippe y André-Louis eran amigos de la infancia, casi como hermanos, el seminarista se dirigió primero a éste. Lo encontró solo, desayunando en un amplio comedor de techo bajo y blancas paredes: el comedor de Rabouillet, único hogar que André-Louis conociera. Tras abrazarse, Philippe expuso su airada denuncia contra el señor de La Tour d'Azyr.



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