Harry no presenció esto personalmente; a los 12 años no le estaba permitido cenar con los adultos. Pero Anne lo vio todo, y se lo refirió a Harry con la respiración entrecortada.

– ¡Y entonces se ha sacado la corbata!

– ¿En la mesa?

– ¡En la mesa! ¡Y se le veía la quemadura! -Anne alzó la mano, sus dedos pulgar e índice pellizcándose unos dos centímetros y medio de cuello-. ¡Así de grande!

– ¿Y Granmère?

Anne se puso un poco más seria. Pero sólo un poco.

– Creo que está muerta.

Harry tragó saliva y asintió.

– Era muy mayor.

– Tenía por lo menos noventa.

– No creo que tuviera noventa.

– Pues los aparentaba -musitó Anne.

Harry no dijo nada. No estaba seguro del aspecto que debía tener una anciana de 90 años, pero desde luego Granmère tenía más arrugas que ninguna de las personas que conocía.

– Pero ¿te cuento la parte más curiosa? -dijo Anne. Se inclinó hacia delante en actitud confidencial-. Mamá.

Harry parpadeó varias veces.

– ¿Qué ha hecho?

– Nada. Nada de nada.

– ¿Estaba sentada al lado de Granmère?

– No, no me refiero a eso. Estaba enfrente y en diagonal… demasiado lejos para ayudar.

– ¿Y…?

– Simplemente se ha quedado sentada -le interrumpió Anne-. No se ha movido. Ni siquiera ha hecho ademán de levantarse.

Harry pensó en ello. Lo lamentaba, pero no era ninguna sorpresa.

– Ni siquiera ha cambiado la expresión de su cara. Se ha quedado ahí sentada, así. -Anne puso una cara decididamente inexpresiva, y Harry tuvo que reconocer que era exactamente igual a la de su madre.



6 из 285