
Elizabeth se detuvo bruscamente.
– ¿Hay una noticia?
Hanna pareció incómoda.
– Bert Ralston está trabajando en ella ahora mismo.
Elizabeth abrió los ojos como platos cuando su amiga mencionó al periodista de investigaciones más famoso de los medios de comunicación.
– ¿Es tan importante?
Hanna asintió a modo de disculpa.
– Están haciendo una investigación relacionada con tu marido y Gage Lattimer por tráfico de información confidencial de los valores de mercado de Tecnologías Ellias.
Elizabeth se quedó sin habla.
– Vamos a tomar una copa -dijo Hanna.
– ¿Cómo…? Yo no… ¿Tráfico de información confidencial? Reed jamás haría algo deshonesto, estoy segura.
– ¿Cómo es que no lo sabes? -preguntó Hanna, deteniéndose frente al bar.
El camarero uniformado estaba detrás de una fila de copas burbujeantes.
– Dos martinis de vodka.
– Reed no me lo dijo.
Hanna asintió mientras el camarero mezclaba las bebidas.
– ¿De verdad?
– ¿Por qué no me lo ha dicho?
Hanna agarró las copas y le dio una a Elizabeth mientras se alejaban.
Elizabeth agarró el pie de la copa.
¿Su marido era sujeto de una investigación por un acto delictivo y no se había molestado en decírselo?
La noche anterior él le había dicho que no sucedía nada. Que se trataba de un asunto rutinario. Aunque Collin evidentemente sabía qué sucedía.
Los empleados de Reed sabían más que su esposa. Los medios de comunicación sabían más que ella. Hasta Vivian Vannick-Smythe sabía más que ella.
¿Cómo era posible que Reed la hubiera puesto en esa posición?
– ¿Se ha acabado mi matrimonio ya? -preguntó Elizabeth con un nudo en la garganta.
– Creo que esa pregunta vas a tener que hacérsela a Reed -dijo Hanna, tratando de elegir las palabras con cuidado.
Elizabeth tomó un sorbo de la fuerte bebida. Sintió que la determinación reemplazaba a la desesperación.
