Kelley Amstrong


Secuestrada

Segundo Libro Serie “Mujeres de Otro Mundo”

Traducción: Ania

PRÓLOGO

Odiaba el bosque. Odiaba sus pozos eternos de humedad y oscuridad. Odiaba el enredo interminable de árboles y arbustos. Odiaba su olor a vegetación muerta y decadente, animales muertos, todo muerto, incluso las criaturas vivas que sin cesar perseguían su siguiente comida, un fracaso antes de deslizarse por la lenta pendiente de la muerte. Pronto su cuerpo sería uno más apestando en el maloliente aire, tal vez sepultado, tal vez abandonado por los que comen carroña, su muerte posponiendo la de ellos por otro día. Moriría. Sabía que, no con la intención decidida del suicida o la desesperación sin esperanzas del condenado, pero sí con la aceptación simple de un hombre que sabe que está solo a horas del paso de este mundo al siguiente. Aquí en este apestoso, oscuro y húmedo infierno, moriría.

En realidad, no buscaba la muerte. Si pudiera, la evitaría. Pero no podía. Lo había intentado, planeando su fuga durante días, conservando su energía, obligándose a comer, a dormir. Entonces se había escapado, realmente, sorprendiéndose a sí mismo. Nunca había creído que en verdad funcionara. Por supuesto, realmente no había funcionado, sólo había parecido hacerlo, como un espejismo que brilla en el desierto, sólo que el oasis no se había vuelto arena y sol, sino humedad y oscuridad. Había evitado la prisión para encontrarse en el bosque. Todavía con esperanza, había corrido. Y corrido. E ido a ninguna parte. Ellos venían ahora. Cazándolo.

Podía oír el aullido de un sabueso, rápido sobre su rastro. Debía haber modos de engañarlo, pero él no tenía la menor idea de cómo. Nacido y criado en la ciudad, sabía evitar que lo detectaran allí, como hacerse invisible a vista de todos, como efectuar una aparición tan mediocre que la gente podía mirarlo fijamente y no ver a nadie.



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