
Como parte de la Manada, vivía con el Alfa, Jeremy Danvers, y Clayton Danvers, su hijo adoptivo/guardaespaldas/segundo al mando, quién era también mi socio/amante/amargura de mi existencia… Pero esto se está complicando. De vuelta al punto. Como todos los demás en la Manada, yo tenía responsabilidades. Uno de mis trabajos era supervisar la Internet en busca de signos de algún perro mestizo que estuviera llamando la atención. El lugar que vigilaba era believe.com, aunque raramente encontraba algo que mereciera más que una desdeñosa leída. En febrero pasado había perseguido algo en Georgia, no tanto porque el problema mereciera alarmas mayores, sino porque el Estado de Nueva York había estado en medio de una tormenta de nieve de una semana y cualquier lugar al sur de las Carolinas sonaba a cielo.
El mensaje que leía ahora era diferente. Tenía alarmas resonando con tanta fuerza que después de que lo hube leído el martes, había dejado un mensaje para el vendedor inmediatamente, y había concertado una reunión con él en Pittsburgh para el viernes, esperando tres días únicamente porque no quería parecer demasiado impaciente.
El mensaje decía: “Werewolves. Información valiosa para vender. Sólo verdaderos creyentes. Dos personas sin hogar asesinadas en Phoenix en 1993-94. Al principio creídas matanzas de perros. Gargantas rasgadas. Cuerpos parcialmente comidos. Una huella canina de gran tamaño encontrada cerca del segundo cuerpo. Todas las demás huellas borradas (¿perros muy prolijos?).
