Parecía una película de horror dónde la heroína va sola a la casa abandonada después de que todos sus amigos fenecen de muertes horribles y la audiencia sentada grita, “¡No vayas, perra estúpida! Bien, yo era la única gritando, “¡Continúa, pero atrapa al Uzi!". Caminar de cabeza al peligro era una cosa; caminar desarmada era otra. Afortunadamente para mí, estaba armada con la fuerza de Supergirl. Y si eso no sirviera como truco, mi acto de Clark Kent venía con colmillos y garras. Un vistazo a esta mujer, de apenas cinco pies con dos, casi una década menor que yo, me dijo que no tenía nada por qué preocuparme. Por supuesto, tenía que simular preocupación. Era lo esperado.

– Umm, de acuerdo -dije, echando un vistazo por sobre mi hombro-. Yo preferiría un lugar público. No quisiera ofender…

– No tiene importancia -dijo ella-. Pero todo mi material está en el hotel. Nos detenemos brevemente allí, y si todavía no te sientes cómoda, podemos agarrar mis cosas, encontrarnos con mi tía, e ir a otra parte. ¿Está bien?

– Supongo -dije, y la seguí calle abajo.

El hotel era uno de esos viejos lugares con un enorme vestíbulo clasificado como sala de baile, arañas de cristal como lámparas, y operadores de ascensores vestidos como organilleros. La habitación de Paige estaba en el cuarto piso, la segunda a la izquierda del ascensor. Abrió la puerta y la mantuvo abierta para mí. Vacilé.

– Podría pegar algo bajo la puerta para mantenerla abierta – dijo ella.

Su cara era toda abierta inocencia, pero no se me escapó el tono burlón de su voz, tal vez porque yo era mucho más alta y en mejor estado físico. Incluso sin la fuerza werewolf, podría vencerla en una lucha. De todos modos, eso no quería decir que no hubiese algún tipejo con una pistola semiautomática detrás de la puerta. Todos los músculos del mundo no podrían detener una bala a la cabeza.



18 из 428