
– Emma Hale -dijo Chadzynski al tiempo que abría un informe-. Doy por sentado que sabe de quién hablo.
– He seguido el caso en la prensa.
El año anterior, en marzo, la estudiante de primer curso de Harvard había desaparecido después de ir a una fiesta en casa de unos amigos. Ocho meses más tarde, en noviembre, la semana antes de Acción de Gracias, la corriente había arrastrado su cadáver saturado de agua a la orilla del río Charles, en una zona de Charlestown llamada The Oilies. A Emma Hale le habían disparado un tiro en la nuca.
– Tengo entendido que el informe de balística no consiguió relacionar la bala con ningún caso anterior -observó Darby.
– No encontramos ninguna coincidencia.
Chadzynski se puso unas lentes con montura gruesa, de diseño. Había invertido una significativa cantidad de dinero en peluquería, maquillaje, ropa y joyas. El anillo de diamantes era al menos de tres quilates.
– Cuando Emma Hale desapareció, la CSU creyó que podría tratarse de un secuestro; su padre, Jonathan Hale, es muy rico -explicó Chadzynski-. Y entonces, otra universitaria desapareció en diciembre.
– Judith Chen.
– ¿Está al corriente de lo ocurrido?
– Los periódicos publicaron que desapareció cuando regresaba a su casa de la biblioteca del campus.
– La CSU está investigando una posible relación entre ambos casos.
– ¿La hay?
– Las dos son estudiantes universitarias, ésa es la única relación que tenemos de momento. La bala que extrajimos del cráneo de Emma Hale no está relacionada con ningún otro caso, y el tiempo que pasó bajo el agua eliminó cualquier rastro que pudiera servirnos de algo. La única prueba que tenemos es una estatuilla religiosa. Estoy segura de que eso también apareció en los periódicos.
Darby asintió con la cabeza. Tanto el Globe como el Herald, citando una fuente policial anónima, habían publicado que se había hallado una pequeña figura «religiosa» en el bolsillo de la víctima.
