

Qiu Xiaolong
Seda Roja
Chen Chao 5
A mi hermano mayor, Xiaowei
De no haber intervenido el azar,
lo que le sucedió durante la Revolución Cultural
me podría haber sucedido a mí.
Prólogo
Mientras corría por la calle Huaihai oeste, con el aliento empañado bajo la mortecina luz de las estrellas, el maestro capataz Huang pensó que muy pocos madrugaban tanto como él en Shanghai. Huang, un anciano de más de setenta años, aún podía correr con pasos vigorosos. Después de todo, nada era tan valioso como la salud, se dijo con orgullo secándose el sudor de la frente. A esos enfermizos «bolsillos llenos», los nuevos ricos de Shanghai, ¿de qué les iban a servir las montañas de oro y plata que guardaban en sus patios traseros?
Pero un trabajador jubilado como Huang de poco más se podía enorgullecer ahora, a mediados de la década de 1990, cuando la transformación materialista se extendía por toda la ciudad.
Huang había visto tiempos mejores. Fue trabajador modelo en los años sesenta, miembro de la Escuadra para la Propaganda del Pensamiento de Mao Zedong durante la Revolución Cultural, guardia de seguridad del barrio en los ochenta… En resumen, un antiguo «maestro capataz» perteneciente a la clase trabajadora políticamente gloriosa de China.
Ahora Huang era un don nadie. Un jubilado de una fábrica de acero estatal al borde de la quiebra, que apenas llegaba a fin de mes con una pensión cada vez más reducida. Irónicamente, el cargo de «maestro capataz» sonaba anacrónico incluso en los periódicos del Partido.
«La China socialista ha caído en las redes del capitalismo.» Le vino a la memoria el estribillo de unos ripios recientes, como si fuera al ritmo contrario de sus pasos.
