

Amanda Quick
Seduccion
1
Julián Richard Sinclair, conde de Ravenwood, escuchó atónito, sin poder creerlo, el rechazo que recibiera como respuesta ante su formal propuesta de matrimonio. Pero después de su incredulidad, sobrevino una ira fría, aunque controlada. Pero ¿quién se creía que era esa dama?, se preguntó él. Desgraciadamente, no pudo preguntárselo a ella, pues la mujer en cuestión había preferido estar ausente y rechazar la generosa propuesta matrimonial de Julián por medio de su abuelo, quien, obviamente, se hallaba en una incómoda posición.
– Al diablo con todo esto, Ravenwood, no crea que esta situación me agrada mucho más a mí que a usted. La verdad es que esta muchacha ya no es una adolescente que acaba de terminar sus estudios -le explicó lord Dorring, con toda su parsimonia-. Antes era una criaturita de lo más simpática, siempre dispuesta a complacer a los demás. Pero ya tiene veintitrés años y, aparentemente, en el transcurso de los últimos tiempos ha desarrollado una personalidad propia y su poder de decisión es para tener en cuenta. A veces hasta se transforma en un estorbo, pero así están planteadas las cosas. Ya no puedo darle órdenes.
– Ya sabía cuál era su edad -dijo Julián, cortante-. Y precisamente por eso pensé que se trataría de una mujer sensata y sociable.
– Oh, lo es -barbotó lord Dorring de inmediato- definitivamente lo es. No querrá insinuar usted lo contrario, ¿verdad? No es ninguna bobalicona sin cerebro, que suele tener ataques de histeria ni cosas por el estilo. -Su rostro encarnado y patilludo ardió con evidente irritación-. Normalmente, tiene muy buen carácter. Es muy agradable. Un ejemplo perfecto de modestia y gracia femeninas.
– Modestia y gracia femeninas -repitió Julián lentamente.
El rostro de lord Dorring se iluminó.
