– No te preocupes, ha comprado otro. Lo traerán en cualquier momento.

– Eso resolverá algunos de mis problemas…

– ¿Dónde está tu portátil, por cierto?

Randi se mordió el labio.

– No lo sé… no puedo recordarlo… pero ¿por qué no se lo preguntas a Kurt Striker? He oído que la policía y él han estado en mi piso.

La hermanastra de Slade se pasó una mano por el pelo, que llevaba corto, y añadió:

– No quiero causaros problemas. Sé que intentáis ayudarme, pero es muy frustrante. Tengo la sensación de que es importante que vuelva a mi piso, eche un vistazo a mis cosas y encienda mi ordenador… no sé por qué. Puede que sólo contenga ideas para columnas de prensa, pero también cabe la posibilidad de que haya algo relevante, tal vez el motivo por el que quieren quitarme la vida.

– Tal vez, sí. Juanita me ha dicho que estabas escribiendo un libro.

– Es verdad, pero tampoco recuerdo de qué trataba.

– Entonces, tendremos que encontrar tu portátil. Striker se encargará.

– Striker. Genial -murmuró ella.

Slade se dirigió a la cocina, alcanzó el abrigo que había dejado en el gancho y salió al exterior. Hacía fresco y el cielo empezaba a oscurecerse. Las nubes amenazaban con más nieve, pero no le importó.

Subió a la camioneta y arrancó. No tenía ni idea de adónde ir. Quizá al pueblo, a tomarse una copa. Pero entonces, cayó en la cuenta de que lo que verdaderamente quería hacer era ver a Jamie de nuevo.

– Maldita sea…

Metió la primera y alcanzó su paquete de tabaco. La camioneta se deslizó un poco al pasar por una placa de hielo, y él pensó que sus relaciones con las mujeres siempre habían sido extremadamente problemáticas.

Pero no se iba a mentir a sí mismo. Quería ver a Jamie otra vez, y quería verla aquella misma noche.


Jamie se estremeció de frío mientras se ponía los vaqueros y su jersey preferido. Después, bajó a la cocina, sacó una cacerola, la fregó y puso a calentar una sopa de carne y verduras. Casi podía imaginar a su abuela sentada a la mesa y mirándola por encima de sus gafas.



27 из 137