
– ¿Con Striker?
– Sí. He oído que es amigo tuyo.
– Lo es.
Ella frunció el ceño.
– Pues no me gusta que ande cotilleando por ahí.
– ¿Por qué?
– Porque no quiero que se dedique a hurgar en mi intimidad, en mi vida. Si es amigo tuyo, dile que se mantenga lejos.
– Lo siento mucho, Randi. Lo de contratarlo fue idea mía.
– Una mala idea. No lo necesitamos. Tenemos al departamento del sheriff… el inspector Espinoza está haciendo un buen trabajo. Kelly no debió dejar su empleo en la policía para marcharse con Striker.
Slade notó algo extraño en la inquina de su hermanastra.
– ¿Tienes algo contra Striker? ¿O contra los detectives privados en general?
– Contra él y contra los detectives en general. ¿No te basta con la policía?
– No.
– Pero…
– Kurt sólo intenta ayudarnos a encontrar a ese cerdo. Deberías cooperar un poco más. Te comportas como si ocultaras algo.
– ¿Como qué?
– Dímelo tú.
– Te lo diría si lo supiera. Cuando recobre la memoria, tú serás el primero en saberlo -aseguró.
– Sí, claro. Pues intenta concentrarte en asuntos más serios que mis relaciones sentimentales de hace quince años.
Randi entrecerró los ojos.
– Eso te ha molestado, ¿verdad? ¿Qué pasó entre Jamie y tú?
– No me acuerdo. No he pensado mucho en ello.
– Hasta ahora -puntualizó, con una sonrisa pícara-. ¿Y qué piensas hacer?
– ¿Hacer? Nada en absoluto.
Slade apretó los dientes al pensar en la abogada. Por primera vez desde la muerte de Rebecca, se sentía atraído por una mujer.
Como no quería hablar de ello, miró la pantalla del ordenador y preguntó:
– ¿En qué estás trabajando?
– Ahora sólo estaba revisando el correo -contestó ella-. Llevaba tanto tiempo sin conectarme que tardaré en ponerme al día. Pero necesito mi portátil. Este ordenador es de Thorne y no puedo trabajar mucho con él.
