Duncan levantó los ojos al cielo.

– Pero bueno… parte del trato era llevar a los residentes a otro camping mucho más grande y que está en una zona residencial. Tienen un servicio de autobuses en la puerta y hemos pagado el traslado… nadie se ha quejado ni ha pedido un céntimo. Han sido los medios de comunicación los que han creado esa historia.

Uno de los miembros del consejo lo fulminó con la mirada.

– ¿Estás negando que dejaste en la ruina a la competencia?

– No, en absoluto. Si quiero comprar una empresa y el dueño se niega a vendérmela encuentro la manera de convencerlo -Duncan se irguió en su silla-. Una manera legal, señores. Todos ustedes han invertido en la empresa y todos han ganado dinero. Me importa un bledo lo que la prensa diga de mí o de Industrias Patrick.

– Ahí está el problema -intervino su tío-. A nosotros, sí nos importa. Industrias Patrick tiene una reputación espantosa, igual que tú.

– Las dos inmerecidas.

– En cualquier caso, ésta no es tu empresa, Duncan -le recordó otro de los miembros del consejo-. Nos llamaste cuando necesitabas dinero para comprar la parte de tu socio y el trato es que tienes que contar con nosotros para tomar decisiones.

A Duncan no le gustaba nada eso. Él era quien había convertido a Industrias Patrick en un gigante cuando sólo era una empresa familiar. No el consejo de administración, él.

– Si estás amenazándome…

– No te estamos amenazando -dijo otro miembro del consejo-. Duncan, nosotros entendemos que hay una diferencia entre «agresivo» y «perverso», pero el público no lo entiende. Te estamos pidiendo que controles tu comportamiento durante los próximos meses.

– Sal de esa lista como sea -dijo su tío, moviendo el periódico frente a su cara-. Prácticamente estamos en Navidad. Da dinero a los huérfanos, encuentra una causa benéfica… rescata a un cachorro, sal con una buena chica para variar. Nos da igual que cambies de verdad o no, la percepción lo es todo y tú lo sabes.



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