Duncan sacudió la cabeza.

– Así que no os importa que sea el mayor canalla del mundo mientras nadie lo sepa, ¿no?

– Eso es.

– Muy bien, de acuerdo -Duncan se levantó de la silla. Podía «hacerse el bueno» durante unos meses, mientras buscaba dinero para comprar las acciones de los miembros del consejo. Entonces no tendría que dar explicaciones a nadie y así era como a él le gustaban las cosas.

Capítulo Uno

Annie McCoy podía aceptar una rueda pinchada porque el coche era viejo y debería haber cambiado las ruedas la primavera anterior. También podía entender que Cody hubiese comido tierra en el patio y que vomitase después sobre su falda favorita.

No se quejaría de la carta que había recibido de la compañía eléctrica señalando, muy amablemente, eso sí, que tenía pendiente la última factura… otra vez. Pero todo eso le había ocurrido el mismo día. ¿El universo no podía darle un respiro?

En el viejo porche de su casa, Annie revisó el resto del correo. No había más facturas, a menos que esa carta de UCLA exigiese el inmediato pago de la matrícula de su prima Julie.

La buena noticia era que su prima había conseguido entrar en la prestigiosa universidad. La mala noticia, que ella tenía que pagar sus estudios.

Incluso viviendo en casa, el coste de una carrera era enorme y Annie hacía lo que podía para ayudar.

– Un problema para otro momento -se dijo a sí misma mientras abría la puerta y dejaba el correo en la caja hecha de macarrones y pintada con purpurina dorada que sus alumnos le habían regalado el año anterior.

Suspirando, entró en la cocina para mirar la pizarra donde anotaba los horarios…

Era miércoles, de modo que Julie tenía clase por la noche. Jenny, la gemela de Julie, estaría trabajando en el restaurante de Westwood. Y Kami, la estudiante de intercambio de Guam, había ido de compras con unos amigos.



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