
Pero no, ella tuvo que ir y enamorarse de Colin Bridgerton cuando él cayó del caballo y aterrizó de trasero en un charco de barro. Era altamente irregular, y altamente anti romántico, pero había una cierta justicia poética en esto, ya que nada iba alguna vez a resultar de ello.
¿Por qué desperdiciar romance en un amor que nunca sería devuelto? Mejor para guardar las tempestuosas introducciones para gente que realmente podría tener un futuro juntos.
Y si había una cosa que Penelope sabía, hasta entonces, a la edad de dieciséis años menos dos días, era que su futuro no presentó a Colin Bridgerton en su rol de esposo.
Ella simplemente no era la clase de muchacha que atraería a un hombre como él, y temía que nunca lo seria.
* * *
El diez de abril, en el año 1813 – exactamente dos días después de su diecisieteavo cumpleaños-Penelope Featherington hizo su debut en la sociedad de Londres. Ella no había querido hacerlo. Pidió a su madre que le dejara esperar un año más. Era por lo menos dos de libras más pesada de lo que debiera, y su cara todavía tenía esa horrible tendencia a mostrar gestos cada vez que estaba nerviosa, lo cual provocaba que siempre tuviera gestos, ya que nada en el mundo podía ponerla tan nerviosa como un baile Londinense.
Ella trataba de recordarse que la belleza era sólo interna, pero esto no ofrecía ninguna excusa provechosa ya que nunca sabia que decirle a la gente. No había nada más deprimente que una muchacha fea sin personalidad. Y en aquel primer año en el mercado del matrimonio, era exactamente lo que Penelope fue. Una muchacha fea sin-o, vamos ella tiene que darse un poco de crédito – con muy poca personalidad.
Muy profundamente dentro, de ella sabía a quién era, y aquella persona es lista y amable e incluso graciosa, pero de alguna forma su personalidad siempre se perdía en algún sitio entre su corazón y su boca, y ella se encontraba a si misma diciendo cosas incorrectas o, más aun, no diciendo nada.
