Para hacer las cosas aún menos atractivas, la madre de Penelope rehusaba permitir que eligiera su propia ropa, y cuando no llevaba el obligatorio blanco que la mayoría de las señoritas usaban (y que por supuesto no resaltaba su cutis un poco), ella fue obligada a usar amarillo, rojo y naranja, todos los cuales la hacían ver perfectamente desgraciada. Hubo un tiempo en que Penelope había sugerido el verde, pero la Sra. Featherington había puesto sus manos sus amplias caderas y había declarado que el verde era la melancolía.

Amarillo, declaro la Sra. Featherington, es un color feliz y una muchacha feliz cogería un marido con un lazo.

Penelope decidió en ese mismo momento que no era lo mejor tratar de entender los funcionamientos de la mente de su madre.

Entonces Penelope se encontró equipada de amarillo y de naranja y el rojo ocasional, aunque tales colores hicieran su mirada decididamente infeliz, y de hecho fueran realmente horroroso con sus ojos marrones y el pelo rojo teñido. No había nada que pudiera hacer sobre ello, sin embargo, entonces decidió poner a mal tiempo buena cara, y si ella no pudiera manejar una sonrisa, al menos no gritaría en público.

Mientras, ella recogió orgullo de la nada, algo que nunca antes hizo.

Y si no era bastante, 1813 era el año que la misteriosa (y ficticia) Lady Whistledown comenzó a publicar su Revista de Sociedad tres veces a la semana. El periódico de una página convirtió una sensación instantánea. Nadie sabía a quién era realmente la Lady Whistledown, pero cada uno parecía tener una teoría. Durante semanas – no, meses, realmente -Londres no podía hablar de nada más. La revista había sido repartida gratis para durante dos semanas- sólo para enviciar a la multitud – y luego de repente no habían entregas, sólo repartidores de periódicos que cobrando el escandaloso precio de cinco peniques por revista.



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