
Un perro grande y desgreñado de raza indeterminada que estaba tumbado frente al fuego acababa de acercarse a ella cojeando para que le rascara la oreja. Solo tenía una, de la otra quedaba apenas un trozo. El animal cojeaba porque también le faltaba una pata. Y solo veía por un ojo, con el cual la observaba mientras jadeaba de felicidad. Por mucho que lo bañaran y lo cepillaran todos los días, siempre parecía desgreñado. Cassandra lo acarició con las dos manos.
– No le pediría ayuda a Wesley ni aunque estuviera en Londres -añadió una vez que el perro se tumbó a sus pies y dejó la cabeza entre las patas con un suspiro de contento-. No, voy a encontrar un hombre -dijo después de volverse de nuevo hacia la ventana y mientras tamborileaba con los dedos sobre el alféizar-. Un hombre rico. Muy rico. Que nos mantendrá rodeadas de lujos. No será caridad, Alice. Será un empleo y sabré ganarme bien el dinero. -Su voz destilaba un claro desdén, que podría estar dirigido hacia el desconocido que iba a convertirse en su protector o hacia ella misma. Había sido una esposa durante nueve años, pero jamás había sido la amante de nadie.
Dentro de poco lo sería.
– ¡Por Dios! -exclamó Alice muy alterada-. ¿De verdad hemos llegado a esto? No pienso permitirlo. Debe de haber otra alternativa. No voy a permitirlo. Mucho menos cuando una de tus razones para hacerlo es porque te sientes obligada a mantenerme.
Cassandra siguió con la mirada el avance de un antiguo carruaje que se movía despacio por la calle, conducido por un cochero que parecía tener tantos años como el vehículo.
– ¿Que no vas a permitirlo? -replicó-. No puedes detenerme, Alice. Los días en los que yo era Cassandra y tú la señorita Haytor han quedado muy atrás. Tal vez quede muy poco de aquella Cassandra. No tengo dinero y mi reputación es pésima. No tengo amigos más allá de estas puertas y no tengo parientes dispuestos a sufrir las consecuencias de ayudarme. Pero tengo una cosa, una cualidad que me asegurará un empleo bien remunerado gracias al cual recuperaremos un nivel de vida acomodado y estable. Soy guapa. Y deseable.
