
– La gente suele exagerar, ¿no es cierto? -preguntó-. Incluso para inventarse cosas. Así es como me ve medio mundo, Alice. Precisamente porque le divierte creer semejante barbaridad. Supongo que muchos saldrán corriendo en cuanto ponga un pie en la calle. Así que tendré que buscarme un hombre intrépido.
– ¡Ay, Cassie! -Exclamó de nuevo Alice con los ojos llenos de lágrimas-. Ojalá no tuvieras que…
– He intentado ganar dinero en las mesas de juego -le recordó ella, alzando un dedo para llevar la cuenta como si hubiera más-. Habría acabado peor de lo que estoy, de no ser por el modesto golpe de suerte que tuve en la última mano. Cogí mis ganancias y huí tras descubrir que carezco del temple para apostar, por no hablar de la habilidad. Además, me estaba asando con el velo de luto, y me percaté de que varias personas estaban intentando adivinar mi identidad. -Alzó un segundo dedo, pero descubrió que no había nada más que añadir. No había intentado hacer nada más por la sencilla razón de que no había nada más que intentar. Salvo una cosa-. Si no puedo pagar el alquiler de la próxima semana, nos quedaremos en la calle, Alice. Cosa que me desagrada profundamente. -Rió de nuevo.
– Tal vez debieras volver a pedirle ayuda a tu hermano, Cassie. Seguro que…
– Ya le he pedido ayuda a Wesley, Alice -la interrumpió con sequedad-. Le pedí que me acogiera una temporada hasta que pudiera encontrar un modo de ganarme la vida. ¿Y cuál fue su respuesta? Que lo sentía mucho. Que le encantaría ayudarme, pero que estaba a punto de embarcarse en un extenso recorrido a pie por Escocia con un grupo de amigos… que se sentirían la mar de decepcionados si los abandona en el último momento. ¿A qué lugar de Escocia dirijo mi petición de ayuda exactamente? ¿Debería suplicarle de rodillas esta vez? ¿E incluirte a ti y a Mary y a Belinda en la petición? Ah, y también debería suplicar por ti, Roger. ¿Creías que te había olvidado?
