

Sidney Sheldon
Si Hubiera Un Mañana
Título del original inglés, If tomorrow comes
Traducción, Raquel Albornoz
A Barry, con cariño
LIBRO PRIMERO
UNO
Nueva Orleáns, jueves, 20 de febrero, once de la noche
Doris Whitney se desvistió lentamente y eligió un camisón de color rojo intenso para que luego no se notara la sangre. Con una última mirada verificó que la agradable habitación que había aprendido a querer durante treinta años, hubiera quedado limpia y en orden. Abrió el cajón de la mesita de noche y con mucho cuidado extrajo el arma, que colocó junto al teléfono mientras marcaba el número de su hija, en Filadelfia. Se recostó en la cama.
– Tracy… Tenía ganas de oír tu voz, querida.
– Qué sorpresa, mamá.
– Espero no haberte despertado.
– No. Estaba leyendo en la cama. Salí con Charles a cenar, pero el tiempo está espantoso; nieva intensamente. ¿Cómo está todo por ahí?
Dios mío, estamos hablando del tiempo -pensó Doris Whitney-, son tantas las cosas que querría decirle, y no puedo…
– ¿Mamá?
Doris miró por la ventana.
– Está lloviendo -dijo al fin.
Y pensó: El ambiente melodramático adecuado, como en una película de Alfred Hitchcock.
– ¿Qué es ese ruido? -preguntó Tracy.
Truenos. Doris no los había oído, tan absorta estaba en sus pensamientos. Se abatía una tormenta sobre Nueva Orleáns. El informe meteorológico había pronosticado lluvias. Veinte grados de temperatura. Por la noche, precipitaciones y tormentas eléctricas. No se olvide de llevar su paraguas. Pero ella no iba a necesitarlo.
– Son truenos, Tracy. -Trató de poner un matiz de jovialidad en su voz-. Cuéntame cómo andan las cosas en Filadelfia.
