– Es bueno saberlo. A cambio te diré que pienso pagar al contado -sonrió ella.

– Vamos a hablarlo.

Volvieron a la casa y acabaron sentándose en los escalones delanteros, al sol.

– He echado esto de menos -admitió ella-. La vida aquí es mucho menos complicada.

– Tiene sus momentos.

– Lo supongo. Hace unos cinco años que dejaste la universidad, ¿no? Y ya has subido como la espuma.

– ¿Cómo lo sabes?

– Por el tamaño de tu despacho.

– Cierto. He trabajado mucho y me ha ido bien.

Ella recordaba que tenía planes de ser rico y poderoso. Crecer siendo un hijo bastardo en la parte pobre de la ciudad obligaba a soñar. Lo sabía por experiencia propia. La diferencia era que Eric deseaba el éxito, ella sólo había deseado encajar.

– A ti tampoco te va mal -dijo él-. Facultad de Derecho de Yale. Enhorabuena.

– Gracias -aceptó ella, sin querer pensar en nada que tuviese que ver con su vida en New Haven.

– Esta casa será una residencia de verano ideal.

– ¿Qué? -Hannah alzó la cejas.

– ¿No la compras para venir en verano?

– No. Será mi residencia permanente.

Capítulo 2

– ¿POR qué? -preguntó Eric con voz de incrédula.

– ¿Por qué voy a renunciar a la vida en la costa Este para volver a Kentucky? -sonrió Hannah.

– Esa es una buena pregunta para empezar.

– Me gusta esto -lo miró-. Tú no te has ido.

– No, pero encontré un buen trabajo después de la universidad. Si el trabajo adecuado hubiera estado en otra ciudad y otro estado, me habría ido.

– Hmm. Yo no -miró la vista-. No hay nada más bonito.

– Eso es que te hace falta viajar más.

Ella se echó a reír. El sonido suave y dulce hizo que Eric sintiera una opresión en el pecho y un súbito calor. No fue sólo por su risa, sino también por el aroma floral de su piel, su limpio perfil y el suave arco de sus cejas cuando se divertía.



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