
– No hay problema. Oh, hey, me encanta tu traje. Notoriamente auténtico. ¿Fuiste a la Feria de Dickens en el Cow Palace hoy?
Rona asintió con la cabeza.
– Ahí es donde me enteré de la fiesta temática de esta noche. -Y le había parecido como una señal del cielo. Y allí había conseguido el atuendo perfecto.
– Puesto que no he estado en un lugar como este antes, ¿hay algo que debo saber?
– Nah. Aquí tienes un formulario de adhesión y el descargo. Complétalo y son veinte dólares para entrar y cinco más para la inscripción, y estás lista para entrar. -La recepcionista empujó una tablilla de papeles sobre el escritorio. -Si te das prisa, agarrarás al Maestro Simon dando una demostración de azotaina erótica.
– ¿Al Maestro Simon?- Una mujer joven en la fila chilló. -¡Oh Dios, eso es tan caliente!
Ella agitó la mano delante de su rostro tan vigorosamente que Rona casi le ofrece el abanico de encaje adherido a su cintura. Rona completó los formularios y observó a los demás firmar. La satisfacción alivió sus nervios al ver los trajes: un vestido de noche sobre amplios aros, un vestido de tarde formal como el de ella, dos trajes de mucama con delantales. Cualquier otra noche no habría tenido idea de qué usar para ir a un club de BDSM, pero esta noche se ajustaba perfectamente. ¿Cómo podría haberse resistido?
Entonces se dio cuenta que una señora llevaba sólo una enagua. Otra mujer se quitó el abrigo, revelando un prístino delantal blanco… y nada más. Una pequeña insinuación de malestar se retorció en el estómago de Rona. Le dio a la recepcionista el papeleo y le preguntó:
– ¿Tengo demasiada ropa?
– Por supuesto que no. -La chica tomó el dinero y le entregó una tarjeta de membrecía.
– Las Dommes van vestidas en gran parte, y muchas de las subs comienzan a quitarse la ropa. Lo hace más interesante cuando tienes que desvestirte, ¿no?
