
¿Desvestirme? ¿En un bar? ¿Yo? Ella había previsto sólo mirar. El pensamiento de realmente participar le envió un escalofrío de excitación por su columna vertebral. -Bien.
Rona metió la tarjeta en su bolso, se alisó el vestido, luego abrió la puerta del santuario y entró al siglo XIX. Su sobresaltado aliento captó perfumes, cuero, sudor y sexo. Mientras el apasionado sonido del Concierto para Piano en La Menor de Grieg la rodeaba, se movió por la habitación poco iluminada llena de hombres con levita y mujeres con vestidos acampanados. Qué divertido.
Caminó hacia adelante lentamente, tratando de no mirar como una estúpida. Las mesas y sillas de madera oscura cubrían el centro de la enorme sala. Una pequeña pista de baile tomaba una esquina en el extremo posterior, una barra de metal brillante, con dos barmans detrás de ella ocupaba el otro extremo. Todo bastante normal. ¿Dónde habían escondido las cosas pervertidas que sus novelas de romance erótico habían prometido?
Entonces pasó un hombre vestido con nada más que un aterrador arnés atado a su pene y testículos. Rona se quedó con la boca abierta. Crom [4], ella casi podía sentir su inexistente equipo masculino encogerse con horror.
Sacudiendo la cabeza, se dirigió hacia la barra, entonces notó que las paredes a la derecha y a la izquierda sostenían un pequeño escenario.
Una plataforma estaba vacía. En la otra… Rona dio un involuntario paso hacia atrás, tropezó con alguien, y murmuró una disculpa, sin apartar la vista del escenario donde… seguramente esto era ilegal…un hombre estaba azotando a una mujer encadenada a un poste.
BDSM. ¿Recuerdas, Rona? Ella había leído acerca de látigos y cadenas y esas cosas, pero… ¿verlas? Whoa.
Presionó una mano sobre su acelerado corazón y reprimió el impulso de ir y arrebatar el látigo de él. Como si ella pudiera de todos modos. Parado tenía un buen metro ochenta de alto para un hombre maduro de sólida construcción, tenía la sensación de que si alguien fuera a darle un puñetazo, él simplemente lo amortiguaría. En consonancia con el tema de la noche, llevaba un chaleco de seda verde sobre una blanca camisa tradicional. Las mangas enrolladas mostraban musculosos antebrazos.
