Se acercó, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Cuando ella contuvo el aliento, los labios de él se curvaron en una leve sonrisa.

– Ni siquiera pensaste antes de venir a mi rescate, ¿verdad?, -Preguntó, y su voz era tan profunda y suave como todo lo demás en él.

Debería disculparse.

– Yo-yo…

– Cállate.

Su garganta simplemente se cerró por completo, y las líneas de la risa alrededor de los ojos de él se arrugaron ligeramente.

– Sumisa, -murmuró. -Pero ninguna sumisa alejaría las manos de un Maestro y tomaría el control. ¿Eres nueva?

No esperó una respuesta, sino que pasó un dedo hacia abajo de su mejilla, su cuello, a través de la parte superior de sus sobresalientes pechos.

Su toque quemó a través de ella, dejándole una dolorosa necesidad. El temblor dentro de su estómago se exteriorizó hasta que sus piernas se tambalearon.

– Por favor, -susurró.

Él inclinó la cabeza.

– ¿Por favor, qué, mascota?

– Por favor, no te burles de mí. -Sintiéndose como una idiota, una muy confundida y excitada idiota, bajó la mirada y trató de dar un paso atrás.

Su mano se cerró alrededor de la parte superior del brazo, con la suficiente firmeza como para hacerle saber que ella no iba a ir a ninguna parte.

– Mírame. -Un dedo debajo de su barbilla le levantó el rostro. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa. -Muy nueva, ya veo.

– Sí. -Su siguiente esfuerzo para moverse hacia atrás encontró el mismo resultado, nada.

– Una sumisa no tiene por qué llamar a cualquier Dom que no sea el suyo propio “Señor”, pero si se acerca a un Dom por su cuenta y luego reacciona de esta manera -su dedo dejó su mentón para acariciar sobre sus labios temblorosos, -entonces debe dirigirse a ese Dom como “Señor”.

Plenamente consciente de la calidez de su dedo aún sobre los labios, se sintió como si se estuviera ahogando en el aire derretido.



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