
– Te lo agradecería.
Ella vaciló, preguntándose si debía decir más o no. O si él preguntaría. Y no es que tuviera nada que decir. Seguía aferrándose a la realidad del legado de su amiga y no había decidido qué hacer. A pesar de la promesa de la abogada de que tenía por lo menos tres años antes de tener que decidir nada, Pia sentía la presión sobre ella.
Y no iba a discutir su dilema delante de Raúl. Él ya había sufrido bastante.
– ¿Qué estabas haciendo aquí?
Él se había detenido y estaba mirando hacia el colegio, hacia los bomberos.
– ¿Estás preocupado por los chicos? -preguntó Pia-. No lo estés. He asistido a muchas reuniones de planes de actuación en caso de emergencias. Son geniales si tienes problemas para dormir. Bueno, el caso es que hay un plan de actuación para cada colegio y una lista oficial. Cada día la oficina del distrito recibe por ordenador los listados de asistencia y una lista con los niños que han faltado el día en cuestión. Confía en mí. Se lleva un registro de cada alumno.
Él la miró, con sus oscuros ojos llenos de sorpresa.
– Todas son mujeres.
– La mayoría de los profesores lo son.
– Los bomberos. Todos son mujeres.
– ¡Ah, eso! -se encogió de hombros-. Estamos en Fool’s Gold, ¿qué esperabas?
Él parecía tanto confundido como perdido, lo cual en un hombre alto y tan guapo resultaba de lo más atrayente… Eso, suponiendo que estuviera interesada en él… que no era el caso. Por si la cautela que solía tener con respecto a los hombres no fuera suficiente, Raúl era famoso y lo último que ella necesitaba era el dolor y el sufrimiento que solía acompañar a ese tipo de hombres. Eso, sin mencionar el hecho de que pronto podría quedarse embarazada de los embriones de otra pareja.
Una semana antes su vida había sido predecible y aburrida y ahora estaba al borde de convertirse en un titular de tabloide. El aburrimiento era mejor.
