– Muy típico -murmuró mientras cruzaba el patio de juegos en dirección hacia él.

– Deja que adivine -dijo ella mientras se acercaba-. Has hecho algo muy heroico.

– Querrás decir estúpido -le dijo la doctora volteando los ojos-. Es cosa de hombres; no pueden evitarlo.

Pia se rio.

– Como si no lo supiera -se giró hacia Raúl-. Dime que no te has metido en un edificio en llamas para intentar salvar a un niño.

Él se puso derecho y respiró hondo.

– ¿Por qué lo dices así? No es nada malo.

– Aquí hay profesionales que saben lo que están haciendo.

– Eso es lo que no dejan de decirme. ¿Qué ha pasado con darme las gracias por arriesgar mi vida?

– Lo más seguro habría sido que te hubieras desmayado por el humo y que con ello le hubieras dado más trabajo a los bomberos en lugar de menos -le dijo la doctora. Le quitó el pulsímetro de un dedo-. Estás bien. Si tienes algunos de los síntomas de los que hemos hablado, ve a Urgencias -miró a Pia-. ¿Va contigo?

Pia sacudió la cabeza.

– Chica lista -dijo el médico y después fue a atender a otro paciente.

– ¡Ay! Este pueblo es muy duro.

– No te preocupes -le dijo Pia-. Estoy segura de que habrá muchas mujeres que querrán adularte y arrullarte mientras relatas tu acto de valentía.

– Pero tú no eres una de ellas.

– Hoy no.

– ¿Cómo te encuentras?

Durante un segundo, ella no comprendió la pregunta. Después, volvió a la realidad. Era verdad, él había presenciado su pérdida de nervios ese mismo día.

– Quería llamarte -dijo ella a su lado mientras se alejaban de los paramédicos- para disculparme. Normalmente tengo mis crisis en privado.

– No pasa nada. Diría que lo comprendo, pero seguro que me arrancas la cabeza de un mordisco si lo hago. ¿Y si te digo que te compadezco?



17 из 244