– Me gustaría haberlo visto -comentó Joanie, también riendo.

– Resulta difícil creer que sea médico.

– No creo que nadie se sorprendiera más que el propio Brady.

– Es un poco extraño que no se haya casado… ni nada.

– Yo no pienso comentar nada sobre lo de «nada», pero es verdad que no se ha casado. Hay un cierto número de mujeres que han desarrollado problemas crónicos desde que él regresó al pueblo.

– Estoy segura de ello -murmuró Vanessa.

– En cualquier caso, mi padre está encantado. ¿Lo has visto ya?

– No. Quería venir a verte a ti primero -afirmó. Entonces, tomó las manos de su amiga-. Siento mucho lo de tu madre. No me enteré hasta ayer.

– Pasamos un par de años muy malos. Mi padre estaba completamente perdido. Supongo que, en realidad, todos lo estábamos. Sé que tú también perdiste a tu padre. Comprendo perfectamente lo difícil que debió de ser para ti.

– Llevaba algún tiempo enfermo. Yo no supe lo grave que era hasta que… casi hasta que estuvo a punto de marcharse. Lo ayudó mucho que hubiéramos terminado todos los compromisos. Eso era muy importante para él.

Cuando Joanie se disponía a tomar la palabra, el intercomunicador que había sobre la mesa empezó a emitir sonidos. Se produjo un gimoteo seguido de una parrafada en la media lengua infantil.

– Mi hija se ha despertado -comentó Joanie. Entonces, se levantó rápidamente-. Tardaré sólo un minuto.

Cuando se quedó a solas, Vanessa se puso de pie y comenzó a recorrer el salón. Estaba repleto de libros sobre agricultura y bebés, fotos de boda y de la niña. Había un viejo jarrón de porcelana que recordaba haber visto en casa de los Tucker. A través de la ventana se podía contemplar el granero y las vacas sesteando bajo el sol de mediodía.

– Van…



22 из 166